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RADIOGRAFÍA DEL DECLIVE DEL PERIODISMO

(original de zoomnews.es)

Periodistas jóvenes y veteranos analizan una crisis que afecta a todos
Todos coinciden en señalar a los propios periodistas como parte del problema
La falta de experiencia de unas redacciones ‘rejuvenecidas’ compromete el futuro del periodismo
Minuto de silencio en la redacción de El País en protesta por los despidos

Minuto de silencio en la redacción de El País en protesta por los despidos
El drama que protagoniza El País es uno de los casos que mejor resume la crisis que atraviesa el periodismo. Una encrucijada marcada por la decadencia de las grandes cabeceras, la precarización de la profesión o el empobrecimiento de los contenidos. Una situación harto conocida por los que se buscan las habichuelas en este oficio, pero soterrada para el resto de la ciudadanía. En otras palabras, los periodistas, tan acostumbrados a hablar de las miserias ajenas pocas veces han aireado las propias. Las heridas se las lame en casa un colectivo terriblemente endogámico.

Gervasio tiene 53 años y lleva más de 30 trabajando. Su oficio le ha hecho cruzar medio mundo, desde Afganistán a Sierra Leona. Blanca dejó atrás hace tiempo los 50, está jubilada y procura disfrutar de sus nietos y gozar de los pequeños placeres que antes le estaban vedados. Diego hace jornadas de 12 horas, pero su sueldo no le da para encender la calefacción en casa. Josemi, que ronda el medio siglo, se levanta de madrugada para pasar la noche en el tajo, de donde escapa a la hora del desayuno. Alfonso, tras toda una vida subido al avión, se dedica ahora a la docencia. Todos tienen algo en común, todos son periodistas.

José Miguel Azpiroz (Avilés 1966) trabaja en Onda Cero saliendo del banquillo cada vez que Carlos Herrera se toma un descanso al frente de su programa. Lleva 27 años ejerciendo el oficio y ha sido corresponsal de guerra, lo que le ha llevado a estar presente en casi todos los conflictos bélicos que despidieron el siglo XX. Josemi dice que echando la vista atrás no recuerda “un momento más crítico”. Este veterano no se refiere sólo a la situación laboral. Para Azpiroz el ejercicio de la profesión “está en peligro” porque “ya no queda hueco para las historias”.

Algo parecido opina Gervasio Sánchez (Córdoba 1959), que lleva toda la vida trabajando con su cámara como freelance en los rincones más calientes del globo. Su labor le ha llenado las estanterías de premios a los que él no da importancia. Para Gervasio el periodismo atraviesa “una crisis de identidad” que empezó a cocinarse en la etapa dorada de los grandes medios. “Cuanto más te enriqueces, menos noticias críticas y de investigación haces”. Sánchez opina que el oficio empezó a enfermar el día que se entregó al dinero fácil de políticos y multinacionales: “Cuando empiezas a depender de los diferentes resortes del poder, ya no puedes auditarlos e investigarlos de forma correcta; es el primer paso para la autodestrucción”.

Una visión apocalíptica que no se resigna a compartir Alfonso Armada (Vigo 1958), quien tras muchos años escribiendo para los principales diarios del país, capitanea el máster de periodismo de ABC, una escuela de reporteros. “A la gente le encanta que le cuenten relatos desde el principio de los tiempos; cambiará la forma de contarlos, pero no desaparecerá el deseo de escucharlos”. Armada reconoce que el problema es que los buenos trabajos “hay que pagarlos”. Este escritor cree que buena parte de los males que sufre el oficio están motivados por la actitud de los periodistas: “Hemos descuidado nuestra independencia por comodidad, cobardía y por cuestiones económicas”.

Que se lo cuenten a Diego López. Ovetense de 24 años acaba de conseguir, tras meses en el paro, un puesto en una pequeña emisora local. Trabajar ocho horas es una utopía para este redactor que sale de casa a las siete de la mañana y vuelve a las nueve de la noche, tras cubrir varias ruedas de prensa y hacer dos programas en directo; todo por el módico precio de 800 euros. “Todos sabemos el tipo de periodismo que nos gustaría hacer, pero ya no nos dejan”. López reconoce que escribe sin tiempo de cuidar bien las noticias y culpa a los empresarios y al público del problema: “No exigen calidad”.

“Es cierto que los lectores tienen su parte de culpa, muchos son ahora parroquianos que quieren su dosis de ideología”, reconoce Armada. “Los hemos convertido en consumidores de fast news, basura periodística, información rápida sin ningún tipo de análisis”, apostilla Azpiroz.

Los cincuentones ¿no valen?

Todos se muestran especialmente indignados con lo que está pasando en “El País”, sobre todo con las palabras pronunciadas por Cebrián, el consejero delegado de PRISA, que afirmó que los mayores de 50 años ya no tenían el perfil que esta profesión demandaba. “Sin maestros que les enseñen el oficio, los jóvenes no podrán hacer periodismo de calidad”, defiende Gervasio Sánchez. Azpiroz traza un paralelismo, “no hace muebles igual un carpintero con 20 años de experiencia que un novato”. Los chicos “son más manipulables y salen más baratos”, apostilla Armada.

Sánchez recuerda que la criba que ahora pretende hacer la editora de “El País”, se hizo hace cinco años en RTVE, “fue una escabechina. Echaron a los mejores periodistas simplemente porque eran mayores, porque cobraban un buen sueldo y nadie alzó la voz entonces”.

Blanca Zavala abandonó Radio Nacional en aquella “escabechina”. Era 1 de enero de 2007, y 600 profesionales se fueron a la calle. Ella tenía 52 años y le ofrecieron una jubilación muy ventajosa que no dudó en aceptar. Ponía de ese modo punto y final a toda una carrera en la casa, donde se especializó en la cartera de Interior. Blanca vivió los años en los que se destapó la lucha sucia contra ETA, una década en la que la banda seguía matando con asiduidad. Fueron muchas guardias a la puerta del ministerio del Interior, que engordaron notablemente su libreta de contactos. “Trabajé mucho pero eso a los que mandaban les daba igual”.

Tras los últimos cambios reconoce con tristeza que ya no escucha RNE. “El panorama está horrible en todos los medios, todos politizados. Ahora si quieres enterarte de lo que pasa tienes que recurrir a internet”.

Todos los protagonistas de este reportaje creen que una ventana de aire fresco se ha abierto gracias a la red, el rincón en el que el buen periodismo puede resurgir de sus cenizas. “Los jóvenes tienen grandes ideas y muchas ganas de contar las cosas e internet y los nuevos medios son el soporte perfecto para ello”, defiende ilusionado Armada. “Estamos preparados para trabajar y aprender, pero necesitamos unas condiciones dignas”, insiste López. Azpiroz, gruñón, no tiene tanta fe y se muestra escéptico: “No se pueden contar bien las cosas en 140 caracteres”.

En esa disyuntiva se encuentra la profesión, que ve como el modelo tradicional se agota y tiene que reinventarse para seguir haciendo lo que hizo durante siglos: contar historias.

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