Artículos

LA TRATA, LA ESCLAVITUD DE NUESTROS DÍAS

La Trata, un crimen que podría considerarse de lesa humanidad, que implica la movilidad de personas con engaño, coacción, abordaje, captura hacia una situación de explotación laboral, explotación sexual, venta ilícita de órganos, servidumbre, matrimonio servil y mendicidad, se ha incrementado en un 92 por ciento durante una década en Bolivia. Un fenómeno que vulnera los Derechos Humanos de millones de personas y que prolifera a nivel  mundial, agraviando y ofendiendo a la humanidad en su conjunto.

La Organización Internacional del Trabajo de Naciones Unidas estima que 12,3 millones de personas en el mundo sufren situaciones laborales similares a la esclavitud, 4 millones de personas son víctimas de Trata al año y, por concretar en los datos, en América Latina 2 millones de niñas y niños son víctimas de explotación sexual, comercial y laboral. Sin embargo, estas alarmantes cifras son una ínfima parte de la gran problemática que vive el mundo, ya que no reflejan la realidad.

Las víctimas de la trata son personas atrapadas en las redes del silencio y el chantaje de los tratantes y es casi imposible saber las cifras exactas de personas que sufren en silencio la vulneración de sus derechos. Son seres humanos engañados, coaccionados y trasladados forzosamente de un país a otro o dentro de un mismo Estado de forma clandestina. Además, los tratantes intentan generar un sistema de deuda eterna con las víctimas para obtener sumisión y lograr su sometimiento.

Los principales métodos que utilizan los criminales para atrapar a seres humanos son el abordaje personal mediante el convencimiento en plena calle, a través de agencias privadas de empleo donde se sugieren buenas ofertas laborales en el extranjero o en otro lugar dentro del mismo país, en los medios de comunicación donde los tratantes publicitan requerimiento de personal para trabajos y a través de medios de información alternativos como panfletos, páginas de Internet, mensajes a celulares, etcétera.

Estamos ante un fenómeno que se sufrió de forma legal durante las colonizaciones de lo que luego se ha venido a denominar “Tercer Mundo”. Tratantes que convirtieron la vida de millones de personas  en mera mercancía, pero que, por desgracia, hoy en día se repite camuflado bajo mecanismos clandestinos: seres humanos que capturan a otros aprovechándose de la pobreza en la que viven con el único estímulo de negociar con ellos para acumular capital.

Se trata de un problema social que tiene sus causas primeras en las malas condiciones de vida de muchos seres humanos, en una pobreza existente y palpable, y en unas brechas económicas que han convertido a grandes regiones del mundo, como América Latina, en un campo de cultivo para los tratantes y el crimen organizado. Países desfavorecidos por el sistema donde estos criminales tienen más facilidades para capturar a un mayor número de víctimas con el fin de trasladarlas a países ricos o las zonas más privilegiadas dentro de las naciones para explotarlas laboral o sexualmente.

Orígenes de la oferta y la demanda en el negocio de la trata

La Trata es el segundo negocio ilícito más rentable después del narcotráfico. Estamos ante un mercado que mueve anualmente 32 mil millones de dólares. Los orígenes de esta atrocidad humana se encuentran en los principios más elementales de la economía: la oferta y la demanda…

La oferta en la Trata son las personas, en su mayoría mujeres. Seres humanos que se capturan, que se cazan, con el único fin de ser vendidas o utilizadas para ganar dinero. Un negocio que tiene sus primeras causas en los valores crueles del neoliberalismo. Una sinrazón más de la persecución sin escrúpulos de acumulación de capital a través, no de excedentes económicos y recursos naturales, sino de la vida de seres humanos. Un sistema político-económico que asola el mundo y que empuja a las personas a valorar la propiedad privada y los intereses individuales por encima, incluso, de la vida, la dignidad y la libertad de millones de personas.

Los tratantes son seres que han roto con la esencia humana, con los valores humanos, con los sentimientos hacia los demás, con la empatía, con la conciencia, con la razón. Personas que ven acrecentada su maldad hasta límites satánicos, generando atrocidades como la Trata de personas.

Ya hemos hecho referencia al por qué de la oferta de la Trata en un mercado sucio y cruel: la persecución sin escrúpulos de dinero mediante la caza de seres humanos. La cuestión ahora es reflexionar sobre la demanda.

¿Cuál es la causa de la demanda de compra y explotación de seres humanos?. Analizando los datos que existen sobre oferta de la Trata podemos  esclarecer claramente cuál es la demanda: un 66 por ciento de las víctimas de Trata son mujeres, el 13 por ciento son niñas y el 9 por ciento niños. Anualmente, entre 100.000 y 200.000  mujeres son traficadas con fines de explotación sexual. Estos datos desvelan una feminización de la Trata de Personas y las sinrazones de la demanda de cuerpos de mujeres: el poder patriarcal de dominación machista.

Las relaciones de poder desiguales y de opresión del hombre hacia la mujer, propias del sistema patriarcal, han extendido sus tentáculos y el fenómeno de la Trata ha ido más allá, llegando al extremo de considerar el cuerpo de la mujer  como mera mercancía, como mecanismo no solo para el disfrute sexual, sino  también como instrumento para reforzar su ego machista  mediante la humillación, la violencia, la captura, el maltrato.

En la demanda de “mujeres a pedido” es donde se vislumbran los patrones de masculinidad patriarcal más dañinos para las mujeres. Una cultura en la que el hombre necesita demostrarse así mismo y a los demás su virilidad a través de un consumo desmesurado de sexo: niñas, niños, adolescentes, vírgenes, negras, indígenas… 

Como bien señala Rosario Aquim Chávez: “Estamos frente a un mal que siente placer en el dolor ajeno, y que tiene el horror en el rostro público”.

Por tanto, los orígenes del mercado de la Trata de personas se encuentran en la bomba atómica que resulta de la mezcla  del sistema neoliberal y los valores humanos que promueve, y el patriarcado y sus mecanismos más voraces de control sobre los cuerpos de las  mujeres, niñas, niños… 

La imperiosa necesidad de poner fin a esta atrocidad humana

¿Cuáles son las medidas a tomar para hacer frente a esta atrocidad de la humanidad?

Puesto que no se puede acabar con un sistema económico, cultural, político, social de un día para otro. El mecanismo más efectivo para poner fin a esta enfermedad social es la defensa de los Derechos Humanos. Para ello, se deben tener en cuenta tanto las responsabilidades de los gobiernos que deben, no solo promulgar leyes nacionales, sino ratificar y aplicar las leyes y normativas internacionales que ayuden a prevenir y proteger a las víctimas de Trata y, por supuesto, a meter entre rejas a tratantes y criminales transnacionales. Si la delincuencia atraviesa fronteras, lo mismo ha de hacer la acción de la ley.

Pero, hasta el momento, en gran parte de América Latina y el Caribe las leyes promulgadas no se cumplen ni se aplican bien. En Bolivia, por poner el ejemplo más cercano, de las 1.406 denuncias de personas desaparecidas entre enero y junio de este año, solo fueron encontradas por la policía 775, el 45 por ciento sigue en paradero desconocido.

Naciones Unidas tiene una gran trayectoria en promulgación de Convenciones y Protocolos. Así,  en 1949 celebró la Convención para la Supresión de la Trata de Personas y de la Explotación de la Prostitución Ajena”. Pero en esta convención, aunque se intentó abarcar la Trata de Personas, no se hizo una definición sobre la problemática y solo se refirieron a la prostitución y a la incorporación de las personas a la prostitución, ya sea de forma voluntaria, o como resultado de la fuerza.  Además, no se tuvieron en cuenta los Derechos Humanos de las personas víctimas de Trata. No hay que dejar de recordar que hasta la Conferencia Mundial sobre los Derechos Humanos de Viena en 1993 no se consideraron los Derechos Humanos como derechos de las mujeres. Está claro que esta primera Convención sobre Trata de Naciones Unidas fue construida por moralistas con el único fin de ensañarse contra las mujeres de la prostitución y como un elemento de los gobiernos para detener la migración, particularmente de las mujeres.

Tendrían que pasar 17 años hasta que se ratificase el Convenio Internacional sobre los Derechos Civiles y Políticos y el Convenio Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Posteriormente, en 1979 se aprobó la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Contra las Mujeres y diez años después, en 1989, la Convención sobre los Derechos del Niño y el Protocolo Opcional para la Convención de los Derechos del Niño sobre venta de menores, prostitución infantil y pornografía infantil.

A pesar de ello, la Comunidad Internacional tendría que esperar hasta el año 2000 cuando en Parlemo se suscribió “La Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional”, así como el “Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños” que complementaría la Convención.

La paradoja es que si bien gran parte de los países de América Latina han ratificado dicha Convención y Protocolo y de haber desarrollado leyes propias para hacer frente a esta lacra humana, la Trata de latinoamericanas y latinoamericanos a Estados Unidos, Europa y otros países de la orbe alcanzó a 1.2 millones en los últimos dos años, cifra por demás escalofriante.

Nos queda la esperanza del papel protagonista que deben interpretar las Organizaciones de la Sociedad Civil para incidir en las políticas tanto nacionales como internacionales con el fin de terminar con esta atrocidad de la humanidad.

2 pensamientos en “LA TRATA, LA ESCLAVITUD DE NUESTROS DÍAS

  1. Éste es un gravísimo problema que hay que atajar de raíz, haciendo frente a la pobreza y la miseria y a sus causas principales. El capitalismo ha sido capaz de crear guetos de marginalidad de los que el resultado final es la creación de organizaciones criminales, el abastecimiento de dichas organizaciones con nuevos integrantes y con víctimas a explotar. Pero aunque la atrocidad de los explotadores merezca de una acción contundente, no debemos olvidarnos de que los verdaderos culpables son los poderes que dirigien el mundo, y que necesitan de esas bolsas de exclusión.
    Yasmina

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s